CUANDO LA ÉTICA NO ES NEGOCIABLE.

En la consultoría ambiental, decir la verdad técnica no siempre es cómodo. Sin embargo, existen momentos en los que la ética y el profesionalismo exigen mantener una posición firme, aun cuando el resultado genere incomodidad.

Una experiencia reciente me recordó una lección que recibí en 2007: un verdadero consultor no está para complacer, sino para orientar, prevenir y ayudar a transformar.

Te invito a conocer esta historia.

ENTRE LO ÉTICO Y LO PROFESIONAL

En 2007, mientras cursaba el último semestre de Ingeniería Ambiental, trabajaba paralelamente en una firma consultora ambiental de Guayaquil. Ese año realicé oficialmente mi primera Auditoría Ambiental a una granja avícola.

Con el entusiasmo propio de quien inicia su ejercicio profesional y convencido de haber cumplido rigurosamente con mi trabajo, identifiqué más de una docena de No Conformidades. Mi conclusión, quizá influenciada por mi formación académica y por el ímpetu de aquellos primeros años, fue contundente: aquella era, a mi juicio, una de las peores empresas desde el punto de vista ambiental.

Al presentar los resultados a mi superior, recibí una lección que permanecería conmigo durante toda mi trayectoria:

“Existen empresas que aún no tienen una verdadera cultura ambiental; sin embargo, son organizaciones que generan producción, empleo y desarrollo. Nuestra responsabilidad no es destruirlas, sino ayudarlas a mejorar, sin perder nunca la ética ni el profesionalismo.”

Desde entonces, he tenido la oportunidad de participar en innumerables estudios, auditorías y procesos de asesoría para organizaciones públicas y privadas, nacionales y extranjeras, pertenecientes a diversos sectores productivos y de servicios.

Con el paso de los años, a aquella enseñanza de 2007 le incorporé dos palabras que hoy tienen para mí un significado profundo: GRACIAS A DIOS.

Gracias a Dios, hoy puedo ejercer mi profesión con eficacia, responsabilidad, profesionalismo y ética; principios que no solamente orientan mi actividad profesional, sino también mi manera de entender la vida.

Cuando decir la verdad incomoda

Recientemente, una importante organización confió nuevamente en nuestro equipo para acompañarla en el fortalecimiento de su gestión ambiental y en la ejecución de una auditoría.

Durante la revisión de los criterios auditables identificamos una No Conformidad relacionada con el incumplimiento de un Límite Máximo Permisible correspondiente a la descarga de aguas residuales domésticas al sistema de alcantarillado sanitario, registrado durante el primer semestre de 2024.

Conforme al marco normativo aplicable, correspondía establecer un Plan de Acción para corregir el incumplimiento y prevenir su recurrencia. Como era comprensible, el resultado generó inicialmente cierta incomodidad entre algunos directivos.

Antes de socializar los resultados, decidí profundizar en la revisión de documentos, registros, antecedentes y resultados de auditorías anteriores, en este último encontré inconsistencias importantes en el trabajo previamente realizado: No Conformidades deficientemente sustentadas y, particularmente, un antecedente que llamó poderosamente mi atención.

El mismo parámetro había presentado un incumplimiento en 2022. Sin embargo, aquella condición no había sido reportada como No Conformidad en la auditoría anterior. Entonces comprendí mejor la reacción inicial de los directivos.

La responsabilidad de decir lo que corresponde

La normativa ambiental ecuatoriana establece que, cuando durante los mecanismos de control y seguimiento se identifican incumplimientos, corresponde implementar las medidas necesarias para su corrección mediante el respectivo Plan de Acción. Por ello, durante la socialización de los resultados fui directo:

La No Conformidad se mantendrá y será reportada ante la Autoridad Ambiental Competente.

No existía espacio para maquillarla, minimizarla o eliminarla para hacer más cómodo el resultado. Pero también expliqué algo que considero fundamental:

Una No Conformidad no debe entenderse únicamente como un fracaso; también puede convertirse en una oportunidad de mejora.

La implementación de un Plan de Acción técnicamente viable demostraba que la organización estaba dispuesta a reconocer la situación, asumirla responsablemente y adoptar medidas para corregirla, prevenir su recurrencia y fortalecer su desempeño ambiental.

La conversación cambió.  Los directivos comprendieron que nuestro propósito no era señalar culpables, sino proteger a la organización, prevenir riesgos y acompañarla hacia una gestión ambiental más sólida y responsable.

Entonces, una frase pronunciada por uno de ellos quedó grabada en mi memoria: “Nosotros no conocemos de temas ambientales.”. Y nuevamente recordé aquella conversación de 2007.

La verdadera prueba de un consultor

Al concluir la reunión, regresé mentalmente a aquel joven profesional que, en 2007, creyó que su trabajo consistía únicamente en encontrar incumplimientos.

Hoy entiendo que la consultoría ambiental es mucho más que conocer leyes, normas, metodologías y procedimientos. Tampoco consiste únicamente en llenar matrices, elaborar informes o identificar No Conformidades. La verdadera responsabilidad está en saber qué hacer con aquello que encontramos.

Un consultor ambiental tiene en sus manos una responsabilidad que trasciende el documento que firma. Sus criterios pueden influir en decisiones empresariales, inversiones, procesos productivos, reputaciones corporativas y, sobre todo, en la relación entre una organización y su entorno.

Por eso, la ética no puede ser negociable. El profesionalismo tampoco.

Decirle a un cliente únicamente aquello que quiere escuchar puede ser cómodo, pero no necesariamente es responsable. Omitir un incumplimiento puede evitar una incomodidad momentánea, pero generar consecuencias mucho mayores en el futuro.

La verdadera asesoría no consiste en esconder los problemas; consiste en identificarlos, explicarlos y acompañar al cliente en su solución.

Entre lo ético y lo profesional

Aquel episodio me dejó una reflexión profunda: resulta difícil comprender en qué momento un consultor ambiental puede perder de vista que su responsabilidad es ayudar a una organización a trascender, confundiendo la lealtad hacia su cliente con la complacencia.

La ética profesional no significa estar en contra del cliente. Significa tener la integridad suficiente para decirle la verdad, incluso cuando esa verdad resulte incómoda.

Un verdadero aliado estratégico no es quien evita que una organización vea sus debilidades; es quien tiene la experiencia, el carácter y la preparación para mostrárselas y acompañarla a transformarlas en oportunidades de mejora.

Después de casi dos décadas de ejercicio profesional, sigo creyendo que: Cumplir es el inicio. Pero hacerlo con ética, responsabilidad y visión estratégica es lo que permite proteger, transformar y trascender.

Y esa, más que una metodología de trabajo, es una forma de entender nuestra profesión.

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